La incuestionada superioridad de la civilización occidental se agota con el movimiento de liberación del Tercer Mundo, la entrada de estas sociedades como sujetos autónomos de la Historia pone un interrogante sobre la naturaleza universal de la narración e interpretación de una Historia, de la cual, Occidente se ha encargado de modo exclusivo, durante mucho tiempo de adueñarse. De este modo se inicia una posición crítica sobre la postulación antropológica llevada a cabo, por los antropólogos indigenistas, que teorizarán más tarde sobre la descolonización y que rechazan en bloque y de manera radical la civilización occidental, la dominación ejercida por ésta y reclaman, que sería imprescindible recabar la Historia humana a partir del momento en que Europa (Occidente) la deja abandonada en su afán de reducirla y simplificarla en múltiples facetas.
La unión de todos estos elementos, determina lo que se viene a denominar la crisis de la antropología moderna y el arranque de una crítica antropológica, ahonda en los ideales en los que descansa la concepción burguesa de hombre y sociedad. Un autor muy destacado en estas teoría críticas sería el antropólogo R.Jaulin, que expresó entre otras la idea de que el peso demográfico de otras civilizaciones, les permitirá cualquiera sea la presión del imperialismo, volver a encontrar la autenticidad, este sería el caso de los indios andinos al tiempo que los del Amazonas están condenados a la muerte cultural.
El punto de arranque de esta rama crítica es la denuncia al arrasamiento colonial y de sus consecuencias, destrucción de sociedades y culturas, un imperialismo desmedido de la civilización occidental; destrucción de pequeños grupos de sociedades juzgadas, en el sometimiento colonial, de marginales, por ejemplo y un claro caso los anteriormente citados indios del Amazonas. La etnología, (en este caso la colonial), que es la ciencia que se encarga del estudio y comparación de los pueblos primitivos y actuales, no denunció este atrofiamiento antropológico, que sólo se encerró en sí mismo en el halo occidental de juzgamiento de las demás civilizaciones no desarrolladas a su nivel y la deshumanización de la naturaleza de tales pueblos.
En tal, esta crisis de la antropología no hizo más que crear la idea de distintas formas de naturaleza humana, civilizaciones enfocadas en dos vertientes la civilización blanca y la del indiginismo, por otra parte, la sociedad que nos toca, blanca, autora de la criminalidad cultural, el etnocidio, extensión de nosotros mismos a un modelo contradictorio y reeducable a nuestra imagen y semejanza, llegamos así al problema de esta ciencia, la constitución de una antropología que lejos de construir una teoría general de las sociedades, crea una teoría a partir de la nuestra.
A modo de conclusión, reconstruir distintas civilizaciones a base de fragmentos de la nuestra resulta absurdo como una vuelta a nuestros pasados coloniales, ¿cuántos pueblos y con ellos culturas estarán disfrazadas bajo reglas impuestas por nosotros y que no llegarán a conocerse tal y como fueron realmente? ¿Nos gustaría que fuéramos recordados por los que dieron fin a nuestra cultura y desarrollo como tales?
Virginia Rodríguez Macías